miércoles, diciembre 14, 2005

King Kong es el cine. Jackson, el Rey

El mono hace callar al tiranosaurio


En el final de los títulos de cierre de King Kong hay una dedicatoria a Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack y Edgar Wallace, “los verdaderos aventureros de la isla Skull e inspiradores de grandes fantasías”. La omnipresencia de la emblemática producción de 1933 surca el aire del último capricho de Jackson; aquel King Kong en blanco y negro fue el responsable de su embobamiento cinéfilo y potenció sus deseos de convertirse en realizador. Como proyecto profesional, es algo por lo que brega desde mediados de los noventa pero, en aquel entonces, fue el nipón Godzilla el monstruo que aterró Manhattan.
Para el espectador, pueden ser otros los nombres y cintas que circulan por la cabeza mientras transcurre la película. Es imposible no pensar en el Drácula de Coppola (más allá de las diferencias estéticas y la brecha histórica en la manufactura), como ejemplo político, como marca personal de homenaje al cine en si mismo. De las tres horas perfectamente distribuidas de King Kong, toda la primera parte está consagrada a delinear una galería de personajes riquísimos emplazados en la Nueva York desesperada de la crisis del ‘30 y a contar la obsesión de un realizador, Carl Denham (Jack Black, uno de los tres mejores actores americanos del momento) que elude minuciosamente el control corporativo de los estudios en busca de “mostrarle al mundo lo que nunca ha visto”. Todo el film, y en particular esa primera hora, se encuentra plagada de referencias a la actividad cinematográfica en general. Es que, al igual que Coppola, Jackson realiza un cine político desde su clasicismo narrativo. El director neocelandés impone su voluntad y personalidad como fruto de los éxitos cosechados y posterior inversión en la autogestión. Todos los efectos del film fueron realizados por su propia compañía, Weta, las principales locaciones pertenecen a Nueva Zelanda y, los estudios, también son de ese país. Jackson habla, piensa, sentencia y profetiza acerca del cine en su cine. Su pulso narrativo exacto y preciso logra la simbiosis perfecta entre la obra de arte y el entretenimiento puro.
Pero si el aire del vampiro coppoliano sopla tranquilo en King Kong, la presencia de Apocalipsis Now se transforma en un huracán. Ahí están Deham y esos marinos rústicos atraídos hacia la búsqueda de un lugar ignoto del que, saben, no podrán regresar una vez que lo colonicen. Una vez más, ese espacio natural le presentará batalla al hombre blanco occidental. Por algo, el grumete Jimmy (Jaime Bell), se enfrasca en la lectura de “El Corazón de las Tinieblas”, en el viaje hacia la isla Skull, ¿por qué Marlow decide seguir adelante cuando está sellado su destino?, se pregunta. Si antes, la captura del Coronel Kurtz obsesionaba (enloquecía) al capitán Willard, ahora, el deseo inescrupuloso de Denham, busca arrebatar a la naturaleza a ese rey de la selva para mostrarlo al mundo civilizado.
Toda la segunda hora del film transcurre en la isla, con la consabida captura de Ann Darrow (Naomi Watts) a manos del simio gigante. El rescate, por parte de la tripulación, se desarrolla en un ambiente hostil, monstruoso (en todo sentido) para el hombre. Así, tanto el equipo de filmación como el grupo de marinos, son diezmados por alimañas gigantes que parecen recordarles a quien pertenecen esas tierras. Si después de Jurassic Park se pensaba que era imposible lograr algo más entretenido y revolucionario en materia de dinosaurios y CGI, Jackson sorprende y da cátedra de nuevo. La escena de la estampida de brontosaurios como la de la pelea de Kong con tres tiranosaurios, son sublimes ejemplos de factura técnica y unas de las mejores secuencias de la historia del cine de aventuras.
¡a correr, pibes!
Párrafo aparte merecen la actuación de Naomi Watts y su interacción con esa maravilla expresiva que es King Kong. La actriz inglesa, en un exacto ejercicio actoral, logra dotar de glamour y, a su vez, agresividad a esa débil rubia objeto de deseo de la bestia. Su performance es tan buena que muy atrás quedó el recuerdo de la lívida Jessica Lange, para sepultar definitivamente a esa bazofia que fue la versión producida por Dino de Laurentis en los setenta. Su creciente relación con Kong avanza sutilmente gracias a los gestos logrados por el diseño del gorila y al espectacular Andy Serkis, el hombre que le da vida a través de los detectores de movimiento virtuales.
Naomi Watts, increíble
La elección de Adrien Brody como Jack Driscoll, también es un gran acierto del director. Además de lograr una actuación muy contenida, encarna un personaje difícil de balancear, un héroe fuera de lo común. Es un tipo de perfil sumiso, tranquilo, escritor de guiones para teatro: un antagonismo perfecto de la bestia Kong en la disputa por el amor de Darrow.
Para el último segmento quedará el terror en las calles de Manhattan con el gorila gigante suelto y la escena famosa en el Empire State, con los biplanos presentándole batalla. La fuerza expresiva de toda esa secuencia final, marca el talento del director para atrapar la atención y hacer subir los niveles de adrenalina de un espectador que, de antemano, sabe el final de la historia. Y es lógico, Jackson, todo lo hace mejor, y de nuevo.

7 Comentarios:

Blogger Belerofonte dijo...

Bueno, si tenía ganas de verla... ahora después de semejante reseña ni te cuento!

Rodolfo

diciembre 14, 2005 9:48 a. m.  
Anonymous Dr. No dijo...

Logra que el relato sea circular ¿No? porque arranca con "Estoy en la cima del mundo" cantada por Al Jolson. También multigenérica, porque hay musical, hay comedia, hay aventura, hay ciencia ficción, en cierto momento vira a cine de guerra, se permite hasta el clishé de las comedias románticas con paseo nocturno en Central Park y todo y cierra con drama en la cima de ese mundo al que Jolson le cantaba.
Otra cosa que pensé, cuanta similitud entre la primera vez que el mono pierde a su "amada" y la segunda y definitiva. Vampiros, aviones, una como ensayo de la otra.

Uffff!!!! Lo que puede costar una rubia.

diciembre 16, 2005 5:00 a. m.  
Blogger Belerofonte dijo...

Es maravillosa. Estupenda.

diciembre 21, 2005 10:14 a. m.  
Blogger jazzbopol dijo...

Me alegro mucho, Rodolfo, que la hayas disfrutado. Aprovecho para mandarte un gran saludo. Se te extraña por esta orilla...

diciembre 21, 2005 1:29 p. m.  
Blogger Jean Georges dijo...

Gracias.
Sólo eso.
Cuando tenga la entrada colgada en marquito plateado quizá logre reseñar algo.

diciembre 22, 2005 1:56 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

naomi no es australiana?

enero 27, 2006 1:40 a. m.  
Blogger jazzbopol dijo...

Tengo entendido que nació en Shoreham, Inglaterra y se crió en Australia. Cualquier cosa me comentás...Gracias

enero 27, 2006 3:07 p. m.  

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