jueves, octubre 06, 2005

Semana en stop motion

En un lapso relativamente corto (una semana, de jueves a jueves) se estrenan dos de las películas más interesantes del año.
Wallace and Gromit: La batalla de los vegetales (The curse of the were-rabbit) demuestra que la animación es uno de los géneros (y lenguajes) más versátiles a la hora de desarrollar una historia que desborde de ingenio.

La expresividad de los personajes lograda con lo mínimos elementos descriptivos es asombrosa


Lejos (muy lejos) de la concepción nacional de animación=película para chicos (y pareciera que además tontos, por cierto), los creadores de estos personajes demuestran la universalidad del concepto. Así, nos llega una película exquisita, no solo en la utilización de los recursos técnicos y visuales, sino en la solidez de su historia y la cantidad de citas cinéfilas (El Hombre Lobo, Frankenstein, King Kong, por citar las más evidentes).
Lo curioso es que, la otra obra a estrenar (en este caso el jueves que viene) responde también a este tipo de lenguaje: El cadáver de la novia, de Tim Burton.
Ninguna tiene nada que envidiarle a la otra. Mientras W&G se alimenta de la comedia y la cita cinéfia, Burton apabulla con el despliegue visual y profundiza situaciones más complejas en sus personajes, con inclusión de referencias satíricas a la sociedad victoriana.

Burton, siempre Burton
Aprovechando (y haciendo la salvedad) para reconocer el excelente trabajo del argentino Pablo Zaramella en su corto, Viaje a Marte y sumando a lo descripto, los estrenos de Pixar el año pasado y la muy interesante Robots, producto de fox, esta temporada: ¿por qué será que cuando se habla de animación en nuestras pampas, las películas de afuera son exhibidas dobladas, casi en la totalidad de las copias? ¿Tendrá que ver con qué los referentes autóctonos más fuertes del género son Patoruzito y Manuelita?. Raro.

1 Comentarios:

Blogger Ling dijo...

Es por esa misma concepción que usted ya anotó allá arriba: "animación=chicos". Es una retroalimentación constante, y así es que nos encontramos a niños que se ríen -ni ellos saben de qué- y padres que miran con extrañeza a los grandes que van solos.

octubre 13, 2005 10:02 a. m.  

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