jueves, noviembre 15, 2007

Lions for lambs

Luego de ver la nueva película de Robert Redford es interesante realizar el ejercicio de dar una pasada por las reviews (críticas americanas) que recibió el film. En muy pocas oportunidades se podrá presentar un ejemplo tan claro de la imposibilidad de apreciar una obra que, como eje discursivo presenta, precisamente, la confrontación discursiva, la toma de posición como valor a rescatar. Claramente, y no por su historia (discurso en sí), sino por sus errónea lectura, la producción desnuda la mediocridad del pensamiento americano.
La película de Redford tiene dos variables muy claras de análisis: la sólida estructura narrativa y su jugado planteo ideológico.
En el primer aspecto, el film se articula, básicamente, en tres escenarios: en una oficina de profesor universitario, que refleja un diálogo entre el docente y su alumno, en una oficina del partido republicano con una reunión entre una periodista de primera línea y un senador joven y en una operación de Marines en un punto de Oriente Medio.
Redford elije contar las tres situaciones en montaje paralelo, con un gran aprovechamiento del recurso, al punto de lograr una estupenda resignificación de cada secuencia a medida que avanza la historia. El lugar que otorga a la palabra (principalmente se trata de una película de diálogos) es esencial, sin descuidar nunca como operar la tensión sobre el espectador, que participa del juego desmembrando el entramado del plot mientras se le exige que ejerza su espíritu crítico frente al discurso del que es receptor.
Y aquí radica lo interesante de la segunda variable. No es que se comulgue incondicionalmente con lo que la película propugna. Precisamente, en ese disentir, en el arte del debate, radica la apuesta de Redford. Su enemigo directo no es la política americana (que cuestiona, seriamente, ojo) sino la ambigüedad de los tiempos que corren, la ausencia de ese animal político (zôon politikón) necesario para marcar los tiempos del cambio social.
Una película compleja, profunda, para pelearse y discutir. Con uno de los mejores finales del año, por su aspereza y apertura.
¿De las actuaciones? Impecables. Aunque lo más importante es su ubicación en el cuadro para transmitir la palabra justa y certera.
Un Robert Redford que se muestra en madurez y en su mejor momento.

Buena

1 Comentarios:

Blogger Belerofonte dijo...

Coincido plenamente con su juicio, don Manzotti, aunque diría que le gustó más a ud que a mí.

Abrazo
Rodolfo

noviembre 18, 2007 11:14 a. m.  

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