lunes, julio 14, 2008

Batman

El Caballero de la Noche – Batman en su máxima expresión

Píntalo de Negro

El jueves llega la continuación del “renacimiento” de Batman que encaró el director Christopher Nolan tres años atrás, cuando asumió el desafió de reflotar cinematográficamente al personaje con Batman Inicia. El Caballero de la Noche es un policial ajustado, donde las referencias más fieles a las historietas que tienen a Batman como protagonista no ocultan una película con vuelo propio y con una puesta en escena soberbia.


En la Broma Asesina, una historia de Batman del excelente guionista inglés Alan Moore, el personaje de The Joker (El Guasón, en la traducción a la que hemos estado sometidos todos estos años) responde a una de sus víctimas quien lo interpela acerca del propósito de su agresión: “Para probar una teoría… el crimen”. Hace exactamente veinte años, ese cómic profundizaba el complejo tema de la relación especular entre el héroe y el villano de turno. Cuando le preguntaron al director Christopher Nolan respecto de la dirección que tendría el personaje interpretado por Heath Ledger en su nueva película de Batman, éste sugirió consultar The Killing Joke, sin ninguna duda.

El Caballero de la Noche (The Dark Knight) es un film de una intensidad asombrosa, que se apoya en un sólido guión de Jonathan y Christopher Nolan, sobre una idea de David Goyer. La acción encuentra a un Batman sumamente consolidado en su rol de estandarte de justicia en Gotham City y que intenta llegar al fondo del problema de violencia social con un golpe al crimen organizado y una consecuente desarticulación de sus ejes de corrupción en las diferentes instituciones de la ciudad.
Lejos de la necesidad y la presión que implicaban reflotar la credibilidad en una franquicia como sucedió tres años atrás con Batman Inicia, el director de Noches Blancas transita esta vez un terreno más firme y asume el control del film desarrollando un policial de pura cepa, donde las espectaculares escenas de acción funcionan como termómetro de una historia que plantea distintos niveles de lectura. Acá ya no hay un hiper-entrenamiento de Bruce Wayne, ni una decisión a tomar respecto de buscar justicia o venganza. Lo que se plantea como corpus de análisis es la delicada línea que separa al (super)héroe del vigilante. Un dilema muy caro al cómic de superhéroes de los años ochenta, con su exponente más sólido en la inconmensurable Watchmen, también de Alan Moore (que “casualmente” verá la luz como película en marzo del año que viene y cuyo primer trailer será exhibido en cines con El Caballero de la Noche).
La puesta en escena de Nolan refiere directamente al clasicismo de Michael Mann, particularmente de la película Fuego contra fuego, una de las favoritas del joven director. Esto se percibe ya en la secuencia de apertura donde una banda de asaltantes da un golpe sumamente coordinado a un banco. La paleta de colores elegida para la iluminación se acerca más a los tonos azulados, que a los pardos usados para el anterior film. Y es claro: acá la acción no transcurre en los barrios alejados de Gotham, sino en su centro mismo. El caos tiene ahora el nombre de The Joker y la metrópolis se mimetiza en los matices de su locura.

Los villanos invitados

-No quiero matarte, ¿qué haría yo sin ti?, le dice socarronamente Heath Ledger (The Joker) a Christian Bale (Batman) en una momento del film. El duelo está planteado desde el comienzo y es eje de la película. Un personaje no logra existir sin el otro. Ledger compone un Joker mucho más cercano al sociópata asesino de masas, que al burlón exacerbado interpretado por Nicholson en el Batman de Tim Burton. Su performance inquieta en extremo y demuestra tener un control total sobre un personaje que, mal manejado, puede desbarrancar en la sobreactuación más patética. Nolan logra por primera vez en la historia de la adaptación del personaje, abordar al Joker desde el costado más interesante en que ha sido retratado en los cómics. El villano de Heath Ledger es un maestro criminal, que planifica el caos, si se permite la contradicción semántica. Su obsesión principal es conseguir un Batman derrotado y sin máscara. Es una pena que la soberbia actuación de Ledger esté atravesada por su temprana y trágica muerte en enero pasado. Lo cierto es que, conociendo a la industria, es altamente factible esperar una nominación póstuma al Oscar.
Christopher Nolan también se las ingenia para insertar en el film el origen de Harvey Dent como Two Face (Dos Caras), otro de los archienemigos más interesantes de la galería de personajes del hombre murciélago. La apuesta de trabajar con más de un archienemigo por historia pude resultar algo difícil de sostener y hace permeable el riesgo de que la idea central de desvanezca en lagunas argumentativas. Nada de eso sucede en El Caballero de la Noche. Nolan bucea en el concepto del personaje esquizofrénico, justifica (como con cada paso que da en la película) su locura y logra insertarlo en la historia en forma magistral.
El fiscal de distrito Harvey Dent (un cada vez más efectivo Aaron Eckart) se convierte en el objetivo patrocinado por Bruce Wayne para mostrar un héroe de carne y hueso que represente lo mejor de Gotham contra el crimen, y así poder alejarse de su obsesión de justicia. La transformación de Harvey en Dos Caras será el triunfo de ustedes ya saben quién.
Las personalidades duales, los contrapuntos entre bien y mal como extremos que se tocan en una misma obsesión, parecen ser los temas más atrayentes para el realizador; no es casual que su película “entre Batmans” haya sido El Gran Truco (The Prestige).

Una película sombría

Más allá de las características propias de Batman como concepto de personaje, el Caballero de la Noche es una película amarga, con un final angustiante. Un dilema en constante tensión que el director Chris Nolan maneja con un pulso narrativo ajustadísimo y que lo posiciona definitivamente como uno de los grandes realizadores dentro del mainstream.
Uno de los soportes fundamentales de la película radica en el excelente casting. Acá vuelven tres hombres clave que complementan la vida y obra de Batman: el fiel mayordomo Alfred, el incondicional comisionado Jim Gordon y el menos popular pero altamente recomendable Lucius Fox. Por caso, los actores que sostienen estos nombres, Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman están impecables, robando pantalla con cada gesto que articulan en cámara. En esta oportunidad, los perfiles de los personajes alcanzaron un vuelo más alto respecto de la primera película, algo que se vislumbra particularmente en el caso del Jim Gordon de Gary Oldman. Otro acierto en este campo fue el cambio que involucró a la insípida Katie Holmes por la actriz Maggie Gyllenhaal como Rachel Dowes, único personaje femenino con fuerza en el film y clave como contrapunto de las obsesiones masculinas que la rodean.
Además del casting, Chris Nolan parece haber descubierto que un buen guión excede a una buena idea. Por eso tomó esta vez solo el plot de David Goyer (que había realizado el screenplay en Batman Inicia) y prefirió desarrollar la historia junto con su hermano Jonathan. El mejor resultado se vislumbra sobre todo en los minutos finales de esta película de dos horas y media de duración. Minutos finales donde la primera parte no pisaba en un terreno muy sólido y acá, con un desenlace a tres puntas en exquisito montaje paralelo, se juega una de las secuencias más interesantes del año. Sucede que el Joker decide llevar adelante un experimento sociológico. Y eso, mis amigos, es algo digno de verse.

1 Comentarios:

Blogger Belerofonte dijo...

Gran comentario, amigo Pablo, y coincido con usted que estamos ante uno de los policiales del año.

julio 18, 2008 12:14 p. m.  

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